Luda Merino, fundadora de Restaurando su Dignidad

Luda
Merino

«La intención era dar un último recuerdo a las personas que tenían algún familiar represaliado por el franquismo o el nazismo.»

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Estudié animación 3D, pero también tengo conocimientos de diseño gráfico, cinematografía, composición, y sé utilizar diversas herramientas como Photoshop o Gimp. Con ese conocimiento decidí crear este proyecto en 2021.

El proyecto no pretendía ser algo muy grande ni mucho menos, pero desde el primer minuto la acogida que tuvo fue algo sin precedentes. La gente de Miércoles Republicano y Carlos Hernández de Miguel en seguida me apoyaron y comenzaron a darme difusión. A ellos se unieron tantas otras personas a las que he podido conocer gracias a mi cuenta (@RestaurandoDign) y que me ayudaron muchísimo a crecer: Komando Antifa, Olga Rodríguez, GemaMJ, Patxi Freytez, Basilio, Roberto Sotormayor, Pedro Vallín, Emilio Silva, Red Roja… También he podido conocer a decenas de familiares de represaliados de dentro y fuera de España, cuyas historias he ido publicando periódicamente en la cuenta de Twitter.

De igual manera he podido hacer, gracias a la gente de Podemos de Usera y Vallecas y al ayuntamiento de Pedrezuela, varias exposiciones de las fotografías restauradas, y tengo pendientes otras dos en Setenil de las Bodegas y en Málaga — esta última en colaboración con Tina Paterson, impulsora del proyecto Enhanced Memory. Todas estas exposiciones se centran en las víctimas o en el sufrimiento que padecieron por culpa del fascismo.

Lo que nos suelen preguntar

¿Qué programa utilizas para las restauraciones?

Usualmente Photoshop. Creo que es el más cómodo y completo, pero también he utilizado Gimp para algunas restauraciones. En realidad la base es la misma, pero tardo más con este último. Además el Photoshop reconoce mejor la tableta gráfica que uso para colorear las fotografías. Para los diseños de los carteles a veces utilizo Inkscape como apoyo.

¿Cómo sabes los colores de las fotografías?

En el caso de las peticiones de familiares siempre les pregunto a ellos, aunque a veces ni siquiera las familias saben el color de ojos de sus parientes. Lo bueno de España es que lo más común es tener ojos marrones y pelo castaño, eso facilita las cosas en caso de no saber muchos datos.

Con la ropa es todo más complicado. Las familias no suelen saber cómo iban vestidos su primos, abuelos o hermanos en una fotografía concreta, así que no queda más que intuirlo. Con las fotografías históricas, como las de los campos nazis, a veces es más fácil: el uniforme de prisionero es reconocible, y para los vehículos o uniformes militares cuento con la ayuda de personas expertas.

¿Por qué un proyecto como este?

La verdad es que por convicción ideológica. Esta pregunta me la suelen hacer porque asumen que en mi familia hay algún represaliado, y al contrario de lo que piensa la gente no es así. Nadie de mi familia sufrió las consecuencias de la Guerra Civil más allá de lo evidente de la posguerra. Lo hago porque me apetece, la verdad, porque creo que es lo justo.

¿Cómo reaccionan las familias?

La acogida ha sido espectacular desde el primer momento y todos se muestran muy agradecidos. Es algo que me reconforta mucho. Algunos me han contado que se han llegado a emocionar, sobre todo cuando tenían un vínculo más cercano con la persona de la que me enviaron la foto.

Creo que la mejor parte es cuando me envían las historias, sobre todo cuando no se limitan a mandar un texto y hay más conversación. Hay algunos a los que he cogido relativo cariño desde que me hicieron la petición.